sábado, 10 de enero de 2026

QUIERO UN MATRIMONIO FELIZ




El sueño de todo joven, en especial de las señoritas, es casarse y formar un hogar que parezca sacado de una novela. Pero ¿Qué tan posible es que eso sea una realidad? En el siguiente ensayo se citarán referencias de psicólogos expertos en el área matrimonial para analizar la realidad que encierra el acto de conseguir una buena pareja y construir el hogar soñado.

Todo lo que hoy vivimos, consumimos y practicamos tiene un origen, un inicio, y el matrimonio no es la excepción.

El matrimonio, en sus orígenes, fue concebido como una institución social destinada a regular la procreación, afianzar alianzas familiares y asegurar la transmisión de bienes. Las primeras evidencias datan de la antigua Mesopotamia, hacia el 2350 a. C., donde los matrimonios eran arreglados principalmente con fines políticos y económicos, más que afectivos (The Knot, s. f.; Wikipedia, 2025; Brides, 2023). Civilizaciones como la egipcia, griega, romana y hebrea incorporaron esta práctica, viéndola como un mecanismo de preservación del orden social y de la herencia (Hosh Yoga, s. f.; Local Histories, s. f.). Posteriormente, la Iglesia cristiana, en la Edad Media, elevó el matrimonio a la categoría de sacramento, consolidando la monogamia como norma predominante entre los siglos VI y IX d. C. (Martin Pollins, 2023; BBC, 2012; Lois Heckman, s. f.; The Week, 2015).

Con el paso del tiempo, la concepción del matrimonio se transformó gradualmente, pasando de ser un contrato estratégico a un vínculo basado en el consentimiento y la afectividad. Durante la Edad Media, la Iglesia comenzó a enfatizar el consentimiento mutuo como elemento central del vínculo, lo que se formalizó en el derecho canónico hacia el siglo XII (BBC, 2012; Wikipedia, 2025). El amor romántico como motivación principal del matrimonio emergió más tarde, desde el Renacimiento, consolidándose entre los siglos XVIII y XIX, en paralelo a cambios culturales y económicos en Occidente (Brides, 2023; The Week, 2015; Reddit, 2025).

Como hemos leído, este acto de unión se realizaba inicialmente por intereses comerciales y políticos. Con la intervención de la religión cristiana, se constituyó como un acto sagrado y divino, estableciendo como requisito fundamental el gusto y la aceptación mutua de ambas partes.

Pero remontémonos al inicio de la creación. Cuando Dios creó al hombre, le dio responsabilidades como poner nombre a todos los animales del jardín. Luego de que cumplió con todas sus tareas, según las Escrituras, Dios vio que el hombre estaba solo y le buscó un complemento entre todas las criaturas creadas, pero no lo halló. Después de ello, hizo caer al hombre en un sueño profundo y, de su costado, extrajo a la mujer. Al verla, el hombre dijo: “Ella es carne de mi carne y hueso de mis huesos; varona se llamará”.

Podemos notar que el primer hombre se siente atraído y sorprendido al ver que su compañía tenía algo en común con él: provenía de su costado. Era parte de él, con algunas diferencias físicas, pero con un mismo origen.


Encontrar a la pareja ideal no se trata de hallar a una persona que piense igual que nosotros o que tenga los mismos gustos, sino de encontrar un complemento. Esto quiere decir que sus virtudes, buenas cualidades y principios, unidos a los de su pareja, sean ideales para llevar adelante un matrimonio y así construir un hogar ejemplar.

Encontrar a tu complemento no significa que todo será perfecto. Ambos son diferentes, distintos, pero decidieron estar juntos, y ese apego podría ser la clave para construir un matrimonio duradero. Hanna Markuksela, psicóloga y psicoterapeuta, sostiene que las personas con apego seguro “son emocionalmente más saludables” y “capaces de construir relaciones sanas y duraderas” (Markuksela, 2025, citada en Diario AS).
APA: Markuksela, H. (2025). El secreto para elegir pareja [Descripción en Diario AS].


La confianza es una de las claves que ayuda al fortalecimiento de una buena relación y, aún más, a la consolidación del matrimonio. La psicóloga clínica y consejera matrimonial Randi Gunther propone que, en una relación sana, “la confianza es ser honesto con uno mismo y, por supuesto, con la otra persona” (citado en LOS40).
APA: Gunther, R. (2025). Green flags en búsqueda del amor [Citado en LOS40].

En conclusión, el matrimonio ha evolucionado desde ser un contrato social y económico hasta convertirse en un vínculo basado en el amor, la confianza y el compromiso mutuo. Si bien en sus orígenes la elección de pareja estaba marcada por intereses ajenos al afecto, hoy se reconoce la importancia de encontrar a alguien que complemente nuestras virtudes y nos acompañe en la construcción de un hogar sólido. La psicología moderna y las Escrituras coinciden en resaltar que aspectos como la confianza, la comunicación y el apego seguro son pilares fundamentales para lograr una relación sana y duradera. Por ello, más que buscar la perfección, se trata de asumir con madurez la decisión de unirse a otra persona, entendiendo que el verdadero valor del matrimonio está en la voluntad de crecer juntos y edificar un proyecto de vida en común.

 

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