miércoles, 18 de febrero de 2026

HIJOS ADOLESCENTES

 


La adolescencia es una de las etapas más complicadas que deben enfrentar los padres con sus hijos. Cuando dejan de ser simples niños y comienzan a crecer y verse como adultos, quieren tomar sus propias decisiones; y ese no es el problema. Lo complejo radica en la falta de madurez para saber elegir correctamente.

En esta etapa, el adolescente inicia un periodo evolutivo en el que enfrenta muchos cambios, no solo físicos, sino también emocionales. Esto puede generar confusión y volverlo indeciso en varias ocasiones.

Durante la adolescencia es fundamental la presencia de guías y orientadores; en este caso, padres y maestros. El aporte conjunto de ambos es de gran ayuda para el desarrollo del adolescente, quien necesita encontrar un camino para su futuro, uno que le permita transitar con seguridad el resto de su vida.

En la niñez se forma el carácter, por eso suele aplicarse una disciplina más estricta. Sin embargo, en la adolescencia se necesita, más bien, orientación: ayudarles a buscar su camino, descubrir su vocación y perseguir sus sueños. Para ello, muchos expertos recomiendan el uso de la empatía.

La empatía en el adolescente consiste en entender y comprender sus pensamientos e ideas y, aunque no estemos de acuerdo con ellas, respetarlas. Esto no significa aceptarlas sin cuestionamiento, ya que también es necesario establecer límites y disciplina. Se trata de hacerle entender que sus opiniones son válidas y que tiene derecho a expresarlas; pero, si no son correctas, es importante hacérselo saber sin imponer de manera autoritaria nuestro criterio.

Aplicar la empatía no implica solamente “ponerse en sus zapatos”, sino ayudarle a regular sus emociones. Recordemos que en esta etapa están tratando de encontrar un camino o un futuro por el cual deberán transitar el resto de sus días.

La American Psychological Association define la empatía como la capacidad de comprender y compartir los sentimientos de otra persona, vinculándola al desarrollo emocional y social. UNICEF señala que el desarrollo socioemocional en la adolescencia incluye habilidades como la empatía, fundamentales para la convivencia y la participación social. La American Academy of Pediatrics explica que la empatía forma parte del desarrollo socioemocional saludable durante esta etapa.

¿Se debe aplicar la disciplina si se es empático con el adolescente?


La respuesta es sí. La disciplina no debe excluirse del proceso evolutivo que atraviesa el adolescente. Sin embargo, debe hacérsele entender que, aunque es libre de expresar su incomodidad, descontento o rechazo frente a ciertas decisiones, existen reglas que deben respetarse, más aún si han sido establecidas por una figura de autoridad, como un padre, un familiar o un docente.

Uno de los problemas actuales es que muchos adolescentes, en esta etapa tan importante, no cuentan con la atención ni el acompañamiento de sus padres, lo que deja un vacío en ellos. Al no tener un guía u orientador, pueden equivocarse al momento de tomar decisiones y dar rumbo a su vida. La ausencia parental puede generar dificultades, aunque no siempre es así; existen casos en los que, pese a una separación o divorcio, los padres siguen presentes y comparten tiempo de calidad con sus hijos.


Ganarse la confianza de los hijos


Se ha vuelto común escuchar la frase: “Yo soy amigo(a) de mi hijo”. Algunos padres, con la intención de ganarse su confianza, asumen un rol que no les corresponde, pues el padre debe ser siempre una figura de autoridad. Un amigo no ejerce autoridad sobre otro amigo.

La confianza con el adolescente se gana escuchándolo con atención, sin invalidar sus opiniones, respetándolas, compartiendo tiempo de calidad sin distracciones y generando espacios de diálogo frecuente. Preguntas como: ¿Cómo te fue en el día?, ¿Qué te preocupa?, ¿Qué necesitas?, fortalecen ese vínculo.

Ganarse la confianza no significa encubrir malas acciones ni apoyar decisiones incorrectas. Tampoco implica reforzar confusiones emocionales; por el contrario, significa ayudarlos a convertirse en jóvenes libres, responsables y enfocados, guiarlos hacia decisiones conscientes y transparentes.

La adolescencia es una etapa compleja para los padres, porque implica aceptar que sus hijos ya no son niños y que están en la búsqueda de lo que quieren llegar a ser. Padres y docentes son guías, y deben actuar con responsabilidad, pues representan el ejemplo y el espejo en el que los adolescentes esperan verse reflejados.

 




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martes, 13 de enero de 2026

¿SE DEBE ENTREGAR TODO EN EL AMOR?

 


¿Se debe entregar todo en el amor?

Esta es una pregunta que tiene una respuesta dividida. Hay quienes dicen no y están quienes dicen sí. El concepto de amar es subjetivo; dependerá del pensamiento y la experiencia de cada persona.

El amor es una decisión. Es decidir entregar todo de uno a la otra persona; es determinar protegerla, respetarla y cuidarla; es aceptarla con sus defectos y virtudes. No es criticarla por sus errores, sino ayudarle a trabajar en ellos. De igual manera, la otra persona tendrá que hacer lo mismo, porque el amor es reciprocidad.

La reciprocidad es corresponderse mutuamente; es intercambiar bienes, ideas y emociones. Una relación es un estado de la vida que solo se puede mantener entre dos personas; es algo que se maneja en conjunto y en igualdad. No hay lugar para el egoísmo ni el individualismo.

El amor no es ilusión ni pasión; eso es el resultado de la decisión. Así lo da a conocer el Dr. Miguel Ángel Núñez:

Amar es una de las experiencias más maravillosas que existen; no obstante, muchos fracasan porque no la entienden como un acto de la voluntad, sino meramente como pasión y sentimiento arrollador. Si bien es cierto, hay que sentir y apasionarse; eso es resultado de las decisiones que se toman, nunca al revés.
(Amar es una decisión, 2016).

Ya es de conocimiento general que no es lo mismo el enamoramiento que el amor, pero se podría decir que uno es la evolución del otro. Son dos etapas que se deben comprender muy bien: una tiene que ver con las emociones y los gustos, y la otra con la determinación. Si no entendemos esto, la relación no será duradera; se ahogará en la rutina y se terminará suicidando en las cuerdas del olvido.

Las respuestas a estas y muchas otras preguntas me llevan a comprender que una cosa es estar enamorado y otra cosa es amar. Y que, si el enamoramiento no se transforma en amor, seguro dura poco y cae vencido por la angustiante rutina de la cotidianidad. El enamoramiento es la puerta de entrada a una experiencia más encarnada en la realidad que en nuestros ideales, que compromete más nuestra capacidad de decidir que la de sentir, sin anularla (Alberto Linero Gómez, Si estás enamorado no te cases y si estás casado, no dejes de amar, 2016).

“El enamoramiento es la puerta de entrada a una experiencia más encarnada en la realidad que en nuestros ideales, que compromete más nuestra capacidad de decidir que la de sentir, sin anularla”.

Esta frase, mencionada por el Dr. Alberto Gómez, tiene un valor muy grande, pues nos da a entender que amar es algo mucho más real, vivo y tangible que el enamoramiento. Amar es caminar con los pies sobre la tierra, sintiendo lo duro que puede ser el camino y enfrentando lo cansado que puede ser el trayecto; pero, a pesar de eso, uno está dispuesto a continuar junto a la persona a quien decidió amar.

Hay que tener bien definido lo que es amar y lo que es estar enamorado. El amor demanda la entrega total de la persona a quien es su pareja. Si no estás dispuesto a compartir con esa persona después de que se haya perdido la ilusión, entonces no te cases.

lunes, 12 de enero de 2026

LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS EN EL SIGLO XXI

 



La educación de los hijos en el siglo XXI se ha visto fuertemente cuestionada por generaciones anteriores, quienes manifiestan que la forma de educar en siglos pasados estaba sujeta a mayor autoridad que permisividad.

Hoy nos encontramos frente a una generación que presenta una personalidad emocionalmente inestable, que en muchos casos desconoce lo que significa tener una identidad propia y no está plenamente preparada para asumir desafíos futuros que la conviertan en personas verdaderamente exitosas. Pero ¿Qué ha provocado que la educación impartida a los hijos hoy en día haya cambiado tanto? ¿Por qué cada vez es más frecuente la presencia de padres y docentes que no ejercen autoridad sobre hijos y estudiantes? En este ensayo se buscará dar respuesta a las interrogantes planteadas y despejar las dudas existentes en torno a este tema.

La desvinculación entre la enseñanza escolar y la familia es una de las principales causas que ha puesto en riesgo la formación integral de los hijos. La articulación entre la educación académica y la familia debe consistir en el complemento y apoyo a las correcciones que se realizan al menor. Sin embargo, hoy en día, cuando un docente corrige a un adolescente, algunos padres reaccionan de manera inmediata llamando la atención del educador y cuestionando su autoridad. Esta actitud, propia de padres sobreprotectores, provoca que el menor se sienta superior a quien lo corrige.

Los cambios que se han venido dando en la sociedad han llevado a que la estructura familiar también se transforme, generando en muchos casos la ausencia no solo del padre, sino también de la madre, quienes deben salir a trabajar para asegurar el sustento del hogar. Este vacío debe ser cubierto por alguien, y es allí donde la educación escolar se ha visto obligada a asumir un rol que antes correspondía principalmente a la familia, cubriendo el espacio dejado por la ausencia de los padres en la formación de adolescentes y jóvenes.

La educación escolar ya no debe basarse únicamente en la preparación académica, sino también en la formación en valores, disciplina, cuidado y protección hacia los estudiantes, pues existe un vacío que necesita ser atendido. Los cambios sociales han erosionado progresivamente la estructura familiar.

Hoy podemos observar que el modelo de familia con el que trabajan las instituciones educativas ha cambiado en todas las culturas y sectores sociales, volviéndose cada vez más plural.

La importancia del papel de las familias en comunidades de aprendizaje nos lleva a tener en cuenta algunas consideraciones sobre el proceso de transformación que está afectando a la familia tal y como era entendida hasta ahora y sobre el nuevo papel de la mujer, en cuanto afecta directamente a la estructura familiar…
(C. Elboj, I. Puigdellívol, M. Soler Gallart y R. Valls Carol, Comunidades de aprendizaje. Transformar la educación, Editorial Graó, 2006).

La educación del siglo XXI, debido a los cambios de pensamiento actuales, se ve obligada a formar a niños, adolescentes y jóvenes fuera del modelo tradicional de familia, adaptándose a una nueva estructura social más igualitaria, donde la mujer es considerada “libre” de cumplir exclusivamente el rol de educadora y formadora del hogar.

Con la industrialización se produjeron importantes transformaciones en diversos ámbitos sociales, no solo en el laboral. Cuando las industrias se consolidaron como la principal fuente de ingreso y progreso, surgieron nuevos ideales, entre ellos los movimientos feministas, que buscaban la inclusión de la mujer en las labores productivas. No obstante, también hubo quienes cuestionaron estas demandas, al considerar que podían afectar la estructura familiar, al quedar desatendida la formación y educación de los hijos, responsabilidad que en ese entonces recaía mayoritariamente en la mujer.

Quizás el modelo de familia comenzaba ya a volverse disfuncional debido a los cambios en las formas de organización social y al impulso de los movimientos sociales —con el feminismo a la cabeza— que exigían una transformación estructural. La sociedad actual recibe a los cónyuges en la búsqueda de ocupaciones distintas al trabajo doméstico, es decir, nuevas redes personales y distintos valores y normas (C. Elboj, I. Puigdellívol, M. Soler Gallart y R. Valls Carol, Comunidades de aprendizaje. Transformar la educación, Editorial Graó, 2006).

En el ámbito educativo, la autoridad del docente en el salón de clases se ve hoy más cuestionada y amenazada por los estudiantes. El sistema de autoridad tradicional ya no resulta efectivo con una generación que, inmersa en los avances tecnológicos y sociales, tiende a cuestionarlo todo. Por ello, el docente actual debe involucrar más al estudiante en el desarrollo de la clase, fomentando su participación, escuchando su opinión y valorando su criterio, pues eso es lo que exigen niños, adolescentes y jóvenes: ser escuchados y sentirse incluidos en la toma de decisiones. Esta generación no reconoce fácilmente la jerarquía —con algunas excepciones—, ya que muchas veces no la experimenta en el hogar, lo que obliga al docente a ganarse el respeto.

El respeto mutuo es más que una simple cortesía; implica un reconocimiento y valoración profundos de las opiniones, sentimientos y necesidades del otro. En una relación, esto significa aceptar que la otra persona tiene ideas, emociones y deseos propios, tan válidos como los propios. El respeto mutuo no implica estar de acuerdo en todo, sino considerar y valorar las perspectivas ajenas (Jiménez, R., 2023).

Finalmente, los cambios sociales exigen que la forma de educar a los hijos y a los estudiantes sea más consciente e inteligente, ya que el adolescente suele sentirse excluido y busca participar en las decisiones familiares y en la construcción de nuevos conceptos. No se debe ignorar que esta nueva generación posee conocimientos a los que las generaciones pasadas no tuvieron acceso; sin embargo, la superioridad no se mide por cuánto se sabe, sino por cómo se aplica ese conocimiento.

HIJOS ADOLESCENTES

  La adolescencia es una de las etapas más complicadas que deben enfrentar los padres con sus hijos. Cuando dejan de ser simples niños y com...