La adolescencia es una de las
etapas más complicadas que deben enfrentar los padres con sus hijos. Cuando
dejan de ser simples niños y comienzan a crecer y verse como adultos, quieren
tomar sus propias decisiones; y ese no es el problema. Lo complejo radica en la
falta de madurez para saber elegir correctamente.
En esta etapa, el adolescente
inicia un periodo evolutivo en el que enfrenta muchos cambios, no solo físicos,
sino también emocionales. Esto puede generar confusión y volverlo indeciso en
varias ocasiones.
Durante la adolescencia es fundamental la presencia de guías y orientadores; en este caso, padres y maestros. El aporte conjunto de ambos es de gran ayuda para el desarrollo del adolescente, quien necesita encontrar un camino para su futuro, uno que le permita transitar con seguridad el resto de su vida.
En la niñez se forma el carácter,
por eso suele aplicarse una disciplina más estricta. Sin embargo, en la
adolescencia se necesita, más bien, orientación: ayudarles a buscar su camino,
descubrir su vocación y perseguir sus sueños. Para ello, muchos expertos
recomiendan el uso de la empatía.
La empatía en el adolescente
consiste en entender y comprender sus pensamientos e ideas y, aunque no estemos
de acuerdo con ellas, respetarlas. Esto no significa aceptarlas sin
cuestionamiento, ya que también es necesario establecer límites y disciplina.
Se trata de hacerle entender que sus opiniones son válidas y que tiene derecho
a expresarlas; pero, si no son correctas, es importante hacérselo saber sin
imponer de manera autoritaria nuestro criterio.
Aplicar la empatía no implica
solamente “ponerse en sus zapatos”, sino ayudarle a regular sus emociones.
Recordemos que en esta etapa están tratando de encontrar un camino o un futuro
por el cual deberán transitar el resto de sus días.
La American Psychological
Association define la empatía como la capacidad de comprender y compartir los
sentimientos de otra persona, vinculándola al desarrollo emocional y social.
UNICEF señala que el desarrollo socioemocional en la adolescencia incluye
habilidades como la empatía, fundamentales para la convivencia y la
participación social. La American Academy of Pediatrics explica que la empatía
forma parte del desarrollo socioemocional saludable durante esta etapa.
¿Se debe aplicar la disciplina si se es empático con el adolescente?
La respuesta es sí. La disciplina no debe excluirse del proceso evolutivo que
atraviesa el adolescente. Sin embargo, debe hacérsele entender que, aunque es
libre de expresar su incomodidad, descontento o rechazo frente a ciertas
decisiones, existen reglas que deben respetarse, más aún si han sido
establecidas por una figura de autoridad, como un padre, un familiar o un
docente.
Uno de los problemas actuales es
que muchos adolescentes, en esta etapa tan importante, no cuentan con la
atención ni el acompañamiento de sus padres, lo que deja un vacío en ellos. Al
no tener un guía u orientador, pueden equivocarse al momento de tomar
decisiones y dar rumbo a su vida. La ausencia parental puede generar
dificultades, aunque no siempre es así; existen casos en los que, pese a una
separación o divorcio, los padres siguen presentes y comparten tiempo de
calidad con sus hijos.
Ganarse la confianza de los hijos
Se ha vuelto común escuchar la
frase: “Yo soy amigo(a) de mi hijo”. Algunos padres, con la intención de
ganarse su confianza, asumen un rol que no les corresponde, pues el padre debe
ser siempre una figura de autoridad. Un amigo no ejerce autoridad sobre otro
amigo.
La confianza con el adolescente
se gana escuchándolo con atención, sin invalidar sus opiniones, respetándolas,
compartiendo tiempo de calidad sin distracciones y generando espacios de
diálogo frecuente. Preguntas como: ¿Cómo te fue en el día?, ¿Qué te preocupa?,
¿Qué necesitas?, fortalecen ese vínculo.
Ganarse la confianza no significa
encubrir malas acciones ni apoyar decisiones incorrectas. Tampoco implica
reforzar confusiones emocionales; por el contrario, significa ayudarlos a
convertirse en jóvenes libres, responsables y enfocados, guiarlos hacia decisiones
conscientes y transparentes.
La adolescencia es una etapa
compleja para los padres, porque implica aceptar que sus hijos ya no son niños
y que están en la búsqueda de lo que quieren llegar a ser. Padres y docentes
son guías, y deben actuar con responsabilidad, pues representan el ejemplo y el
espejo en el que los adolescentes esperan verse reflejados.
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