domingo, 11 de enero de 2026

EL QUERIDO MAESTRO



 Son las cinco y media de la madrugada. La oscuridad aún cubre el firmamento y el viento frío recorre las esquinas. Carlos, un docente con años de experiencia, está listo para un día más de labores; debe estar antes de las siete en su lugar de trabajo. La enseñanza es su pasión y, como de costumbre, apresura sus pasos con entusiasmo, porque lo invaden las ansias de estar frente al salón de clases compartiendo su conocimiento.

Los fines de semana, días que para muchos son de descanso, él los pasa sentado frente a la computadora, preparando sus materiales de trabajo. Busca conceptos y ejercicios que luego compartirá con sus alumnos durante la semana siguiente. Carlos solo anhela inspirar a quienes se reúnen desde muy temprano en el aula para formarse académicamente.

Son muchas las cargas que lleva sobre sus hombros; son muchas las responsabilidades y exigencias que sus superiores le demandan. Hay momentos en los que su salud se ve quebrantada y sus fuerzas disminuidas.

Carlos, como todos los docentes, conoce muy bien lo que es el estrés y lo cruel que este puede ser para quienes se entregan por completo a su labor. Hay días en los que debe enfrentarse a situaciones difíciles dentro del salón de clases, con estudiantes que olvidan el valor del respeto y la importancia de mantener un buen comportamiento. Cualquier anomalía suscitada en el aula puede terminar en un llamado de atención o una multa económica, sin dejar de lado la reprensión de sus jefes, quienes no miden sus palabras y lanzan términos ofensivos cual víbora venenosa.

Para Carlos no hay mayor satisfacción que terminar un día de labores habiendo cumplido los objetivos planteados: haber compartido con sus estudiantes horas de conocimiento y experiencias que se guardarán en el corazón.


La docencia es una de las profesiones más apasionantes que existen. Saber que se está formando a futuros profesionales impulsa a seguir dando todo de uno mismo, aunque muchas veces la labor docente no sea reconocida, incluso por los propios estudiantes. Sin embargo, para quien ama ser docente, esas ingratitudes no lo hacen desertar de su vocación ni del perfil del verdadero maestro.

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